¿Qué tiene de malo?
¿Realmente es malo despertarse por las mañanas sin ánimos, sin ganas de ser ni sentir, con la alegría contraminada y atropellada por la rutina, por las sábanas de preocupaciones que nos arrullan entre sueños después de una larga noche de insomnio o sueños que no permiten dormir?
¿Es realmente contradictorio levantarse cada mañana sin aliento, como arrastrada por la comodidad misma de seguir la rutina, "por que no queda más que hacer", "por que así son las cosas"?
¿Sería realmente malo dejarse llevar por la corriente, aquella que se empecina en hacer sucumbir hasta esas emociones más profundas, aquellos sueños más arraigados y altos, aquellos principios que nos fueron inculcados y asimilamos por que así debía ser?
¿Es realmente malo no querer seguir, tener las fuerzas de darse por vencido, considerar la posibilidad de terminar lo que nunca se había iniciado, dejar incompleto los procesos emocionales que en sí ya fueron finalizados?
¿Podría considerarse malo el permanecer en la búsqueda constante de estabilidad, de armonía, de momentos desesperantes de dinamismo, adrenalina o acción?
¿Realmente podría calificarse de malo el hecho de encontrarse feliz, de aceptar la felicidad, de abrazar la oportunidad de serlo? Realmente, pienso que no lo es.
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