Sr. J (1)

Finalmente encontré las llaves de mi carro, abrí la puerta, encendí el motor y pisé acelerador deprisa, como si él aparecería repentinamente por la puerta. Salí del edificio, me detuve en la luz roja del semáforo y pensé: "Gracias, gracias por la aventura Sr. J"

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Si tuviese más tiempo y espacio, si pudiese retroceder el tiempo y evitar caer en sus enredos, si pudiese evitar el hecho de que me dejé llevar por su corriente, si pudiese evitar la primera vez que besó mi frente o la primera vez que me abrazó, si pudiese haber contenido el impulso de besarlo, si pudiese retroceder el tiempo y no permitir que su mano se deslizase por mi espalda o que sus labios nunca controlaran los míos, si pudiese retroceder el tiempo y evitarlo, nunca lo haría.

He pensado mucho sobre si arrepentirme o no de lo que hice y de lo que permití que pasara, tengo dudas, dudas de si está bien haberme permitido eso o si tengo que sentir remordimiento de las cosas que hicimos. La mayor parte del tiempo pienso que soy una tonta por preocuparme acerca de ello, por qué martirizarme pensando en si debo sentir culpa o no, y la mejor pregunta sería por qué sentir culpa.

No me arrepiento, de nada, no me arrepiento de permitirnos ser, de actuar naturales, de engañarnos mutuamente, de engañarnos a nosotros mismos, no me arrepiento de existir en tus deseos y de permitirte crear algunos de los míos. Sr. J, ud. representa mucho de lo que siempre quise experimentar, ud. representa la conversión de la fantasía a la realidad que siempre supe llegaría a vivir. Sr. J, ud. es una de las personas que recordaré siempre, ud. supo cómo marcarme, sus labios parecen haber borrado cualquier otra marca que estaba anteriormente escrita en los míos.

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"Ella vino, vino y me dijo que había roto su compromiso de matrimonio, que pensó bien las cosas y descubrió que yo soy el indicado para ella, que yo soy el que ella en verdad quiere y necesita, que ella sabe que yo la necesito (...) prácticamente vino a rogarme". 

Entendí bien que significaba eso, sobre todo, entendí muy bien que ella es para él tanto como él es para ella, que yo fui un nada y a la vez fui su todo. Entendí que la diferencia de diez es representada por otra mujer, entendí que eso era lo que siempre había imaginado y que de haber apostado, habría ganado. Entendí que era una despedida.

Está enamorado, ella lo necesita y yo, que fui su todo, entendí que no lo necesitaba tanto como ellos se necesitan, siempre supe que él le pertenecía a ella. Nunca fue una mentira, nunca me engañaron sus intentos de ocultármelo, nunca me engañé a mi misma.

"Sr. J ¿por qué le dijo que no? ¿por qué se niega la oportunidad con ella? Sr. J podría cometer un error. Es matemática simple: ella lo quiere,ud. dice que no lo va a volver a lastimar, ud. la quiere, ud. lo sabe, simplemente acéptelo".

Hablamos largo acerca de su situación, de ella, de él, de su confusión, de todo aquello que en resumidas cuentas representa una despedida para ambos. Una despedida que suma dos a su favor y uno al mío, él tiene brazos en los cuales refugiarse, yo poseo mis sábanas individuales para protegerme.

Sin embargo, no puedo quejarme de la situación, siempre he pensado que no se debe obstaculizar ese tipo de historias, es simple, uno más uno debe ser igual a dos. Punto. Estoy confundida, 24 hrs antes de que él me confiara su historia, me había pedido una oportunidad para decirnos "Hola". ¡Cómo nos lleva la vida! Lo inesperado sucede, las historias se entrelazan, otras se separan y muchas otras simplemente continúan. Quizás en este momento estaríamos tomando una taza de café, tomados de la mano y pensando en por qué diez años son igual a otra mujer.

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"Gracias por escucharme. Discúlpeme, me atonté. No sé que me pasó. No sé que hacer, siempre dije que no regresaría con ella".


"No hay nada que agradecer, realmente gracias a ud. por al confianza. La verdad Sr. J, ya verá que todo les saldrá bien. Me invita a la boda, pero me avisa con tiempo para ahorrar para el regalo".


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Entré por la puerta principal, no sabía cómo actuar, me sentía incómoda. Él no estaba. Conversé con varios de mis amigos. Después de un rato, apareció por la puerta, sonriendo y con la mirada cansada.

Nos saludamos, conversamos, reímos. Caminamos hacia su oficina, esas cuatro paredes que saben los secretos que compartimos, las cuatro paredes testigos de mis caídas, de sus rebotes, de nuestras confusiones, de los besos robados, de la complicidad, de las sesiones de chat hasta las madrugadas, de nuestras risas y de muchas de mis lágrimas. 

"Le dije que sí"

Palabras mencionadas con tanta pesadumbre que no sé si me las dijo alegre o si me las dijo triste. Simplemente se deslizaron por mis orejas como una verdad absoluta, se procesaron en mis venas como suero, la noticia se congeló en mi corazón y la razón me hizo sonreír y pronunciar: "¡Qué bueno! Más le vale Sr. J. Ya verá que todo les saldrá bien".

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Salí de su oficina, caminé  y mientras tanto todos los recuerdos se agolparon en mi mente. Desde la primera vez que tomó mi mano, el momento en que le robé un beso, el beso que me robó, las tres semanas que construimos, nuestra despedida física de hace una semana y la conversación de la noche anterior.

Finalmente encontré las llaves de mi carro, abrí la puerta, encendí el motor y pisé acelerador deprisa, como si él aparecería repentinamente por la puerta. Salí del edificio, me detuve en la luz roja del semáforo y pensé: "Gracias, gracias por la aventura Sr. J".



Nos vemos más tarde Sr. J. 

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