Tengo derecho a llorar.
Digamoslo en voz alta: Tengo derecho a llorar.
¿Cuántas veces nos dicen: no llores? ¿Cuántas veces hemos tenido un nudo en la garganta y lágrimas a punto de salir de los ojos y alguien nos pide no llorar, nos dice: no te sientas mal? La respuesta es: cada vez que deseamos expresarnos, cada vez que entristecemos.
Tengo derecho a llorar.
Todos los días los seres humanos libramos una batalla interna con nosotros mismos y una externa contra el ambiente que nos rodea. Todos los días me levanto escuchando el molesto sonido de la alarma de mi celular, una canción estratégicamente elegida para que recargue de energías positivas mi día. Apago la alarma (o en su defecto la reprogramo bajo la frase de: "5 minutos más") y me levanto de la cama.
Sin hacer un recuento exacto de mi rutina matutina, todos los días me repito mentalmente justo antes de levantarme de la cama: "hoy será un buen día". Lo repito y casi que con tanta pasión, que muchas veces, y sobre todo ultimamente, ese mantra me ha funcionado. Pero ¿realmente ha funcionado?
Creo que tengo derecho a llorar.
Lucho a diario que las cosas insignificantes marquen negativamente mi día, que el estrés laboral no me ataña, que el estrés de la universidad no me perturbe, que mi familia no se vuelva insoportable, que la búsqueda de mi yo y de mi otro yo no ceda, que siempre permanezca la búsqueda de lo positivo en las situaciones difíciles, que no me perjudique lo que las personas critiquen de mí o de mi "relación" con el "equis" con el cual no decidimos que somos, etc. Lucho a diario por mantener la sorisa a flor de piel, de mantener la mente positiva, de permanecer en estado de alegría o estabilidad.... y al final del día realizo un recuento de las cosas que quizas en el fondo si me dañaron, de las cosas que si me entristecieron, de las cosas que me dolieron, etc.
Y creo que tengo ganas de llorar.
Llego a casa, sonriendo, tratando de que las cosas no tan positivas de mi día no perjudiquen a mi familia, tomo mi cena, charlo un rato con mi madre, me siento frente a la PC y busco la compañía cibernética de mis amigos en la distancia. Y por más pesado que halla sido mi día, no puedo llorar.
Me refugio los recuerdos positivos de lo que he vivido en el día, de lo bonito y grato que experimenté, de las cosas que pasarán en el corto plazo, etc. Coarto a mi llanto.
Pero existen días, como hoy, que simplemente llorar me parece la solución más sabia. Llorar, llorar hasta quedar dormida, llorar hasta que las lágrimas cedan, llorar por que tengo derecho.Llorar por que no soy un robot, ni mucho menos una dama de acero, como una amiga recientemente me ha llamdo. Llorar por que el dolor que se lleva por dentro es tan intenso que necesita una válvula de escape. Llorar por que permite expresar mi dolor, llorar por que tengo ganas.
Llorar por que tengo ganas de hacerlo,
Llorar por que tengo ganas de no seguir fingiendo.
***
Tengo derecho a llorar. Tengo derecho a entristecerme, esta vez las lágrimas tienen derecho a salir. Me siento tan triste que quisiera llorar hasta que sequen, hasta que sienta que sanado.
Todos tenemos derecho a expresarnos, lloremos, lloremos de vez en cuando, es bueno limpiar el alma.
La próxima vez que se encuentre en una situación que le provoque el sentimiento de llorar, hazlo. Llora.
Tenemos derecho a expresar nuestra humanidad.
miércoles, octubre 27, 2010
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chicas,
personal,
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2 comentarios:
Hola no se quien eres mi nombre es marilyn hola :) bueno escribes muy bien! espero no te importe si pongo un enlace en my blog de tu blog :) ? bye
a mi naun asi no me dejan llorar y cuando lo hago me amenazan y me pegan
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