*Pendiente*
* PENDIENTE (1)*
Lo importante no era remarcar sus diferencias, aunque parecía su deporte favorito, ambos ahora eran atletas sumamente capaces de lograrlo, parecían ansiar tanto lograr su cometido, como ganar la medalla de oro en los juegos olímpicos. La miró a los ojos y le ofreció lo incierto, lo que ella nunca esperó venir, lo imprevisto, lo que ella más odiaba. Le ofreció la oportunidad única, aquellas a las que una persona racional no puede negarse, pero ella no era racional, o al menos no en ese momento. Ella bajó su mirada, alzó su mano para despejar los cabellos de su cara, devolvió su mirada a aquel hombre que la hacía dudar y clavó su mirada en aquellos ojos tan oscuros como los de ella. Él lo supo, en ese momento el captó lo que se había negado a aceptar. –Me marcho. Fueron sus últimas palabras, pensó.
--
Iba caminando en los pasillos de aquella empresa en la cual se conocieron, quizás ambos guardaban cierto cariño a su trabajo, pero ella siempre lo detestó, siempre recordaba con nostalgia los días en que había formado parte de uno de los conglomerados más importantes de la ciudad. Extrañaba aquellos días en los que el poder conjugaba bien con su figura, en los que la altanería que todos mencionaban al describirla, le había permitido ascender repentinamente, o eso es lo que pensaba la mayoría. Llevaba trabajando tres años en un puesto sin importancia y en uno de esos encuentros casuales en los elevadores de aquel imponente edificio, ella expuso su punto de vista ante sus colegas sin saber que uno de los accionistas escuchaba sus críticas. Nadie había notado que ella era una chica lista (uno de los sobrenombres que usó uno de los periodistas que la habían entrevistado alguna vez), de aquellas chicas en cuya adolescencia su carnet de la biblioteca estaba deteriorada por el uso repetitivo y a la cual las bibliotecarias guardaban cierta envidia: tanta pasión por leer, tanto frenesí por tocar la tapa de un libro les parecía simplemente imposible. El accionista no tardó más de unas horas en localizarla, eran cientos de empleados y él nunca había notado su presencia.
Inmiscuida en estos recuerdos ella atendió la llamada que entraba a su extensión telefónica, abstraída en aquellos pensamientos no notó que él había colocado una taza de café negro sobre su escritorio. –Tan detallista como siempre. Escribió ella en una página y se la pasó. Él sonrió, ella lo hacía sonreír, le robaba el sueño, aunque en los últimos días no era como en los inicios, ahora eran más preocupaciones, certeras. Él trataba de apartar sus pensamientos de ello cuando la observó nuevamente, tan imponente, tan altiva, aun no entendía cómo podía reflejar eso ahora que la conocía (y quizás demasiado, pensó). Aún cuando ella intentaba sentarse cómodamente sin atisbos de grandeza, incluso cuando vestía sencillamente, sin aquellos trajes ejecutivos que vestía la primera vez que la vio, aún cuando sabía que parecía la representación de la tiranía ante una mesa de hombres de negocios, ella reflejaba imponencia sin desearlo. Sus ojos penetraban sus pensamientos y por ello nunca había intentado mentirle, ni quería saber qué pasaría si lo hiciese y ella se enterase. No entendía demasiadas cosas de ella, a veces había desistido de quererlo, lo hizo luego que ella se fuera de su vida y regresara a él luego de tres largos años.
--
Caminaba por la ciudad, aun no encontraba trabajo, tenía un par de horas libres durante las tardes. Salía de la oficina alrededor de las tres y le gustaba caminar hacia su casa, tomaba un autobús y solía saltar de él unas cuadras antes de la estación más cercana a su casa. Él nunca considero empleo al puesto de trabajo que venía desempeñando por más de un año. Aprendía mucho, pero le parecía más un interinato que una propuesta real de trabajo, una amiga de la familia se lo ofreció en aquellos momentos en que él casi culminaba sus estudios. Le venía muy bien en ese momento. No eran tiempos fáciles, demasiada turbulencia para su gusto. Había tenido un pésimo año, nada parecía entusiasmarlo, lo más excitante que había pasado en su vida era conseguir una entrevista de trabajo en una empresa mucho más grande, con un cargo mucho más importante. -Un verdadero trabajo, decía él a menudo.
Era atractivo, ella siempre pensó eso, mucho más que los muchos hombres que había conocido durante su carrera. -Alto, bronceado y guapo, le decía una de sus amigas cuando le mostró una fotografía de él. Ella lo sabía: -Quizás demasiado bien parecido, decía siempre. Era una combinación irresistible, no era el atractivo típico de un hombre del cual se siente deseo, no, era algo más. Era una representación de la virilidad demasiado sublime, su sonrisa era tierna y cálida, como la de un niño al ver por primera vez el mar, pero tenía una pizca de picardía a la que ella no pudo resistirse, nunca pudo y tampoco puso resistencia aquella vez que él la invito a una habitación de hotel.
lunes, noviembre 14, 2011
|
Etiquetas:
amor,
atracción,
chicas,
historias,
relaciones
|
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario