Sonrisa.
Bajaba las escaleras, esperando encontrar un mensaje de ese chico especial,
esperando verlo en la distancia, esperando sentir su aroma, ese aroma.
Bajaba los escalones uno a uno y súbitamente, ese aroma se hizo realidad.
Sonríe, los recuerdos se apoderan de cada uno de los poros de su piel,
simplemente siente su aroma, lo percibe y la sonrisa se dibuja en su interior.
Tal sonrisa no podía más que deslumbrar a cuanto individuo cruzara el destello,
uno de ellos tuvo que girar su cabeza dos veces para confirmar que tal sonrisa existía.
Un individuo optó por apartar la vista, dos pasaron a su lado y no supieron distinguirla,
y la sonrisa del recuerdo brotaba de su ser como manantial de pasiones escondidas,
de pasiones aguerridas, de caricias y pericias, una sonrisa fugaz y tranquila, picardía.
Bajó los escalones y nada perturbó el recuerdo, nada podía desatar distracción alguna,
nada era sutil, nada era importante, el aire no existía, simplemente ese aroma que la recubría,
ese aroma perfecto que sabía a dulce y, a veces, amargo, el recuerdo convertido en tanto.
Su respiración se contuvo un segundo, los rayos del sol se apagaron, sus ojos jugando,
con la respiracion atraída, con melancolía, la pasión recubre su no ser, se apodera, recuerda.
Y el día se oscurece, permite trasladarse, veinticuatro horas antes, minutos más o minutos menos,
la respiracion de acelera, el sol quema y la suave brisa golpea agitada su conciencia juguetona.
La sonrisa se extingue ante el final del recuerdo, un recuerdo vacío más, un aroma que se adhiere a la piel.
Se termina, lo recuerda, sonrie y se aleja, sus mejillas contagiadas con delirio, dulzura efímera que embelesa
y se queda atrapada, baja los escalones, la sonrisa resplandece en su interior y termina el recuerdo.
jueves, julio 21, 2011
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Etiquetas:
amor,
atracción,
relaciones
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