Veo una pareja caminar de la mano.
He visto una pareja de esas que solo se ven en las peliculas de romance o comedia, de esas que las personas suelen tildar de parejas disparejas. Él es moreno, quizás con 1.65 de altura, con barriga (de esas que se foman cuando a los hombres se les nota el paso de los años y que en esos años el alcohol ha sido un fiel testigo de la transicion), con rasgos faciales en los que se nota la rudeza propia de no pertenecer a una clase social privilegiada. Ella es un poco más alta que él, cabello negro y sedoso, de complexión delgada, piel clara, con rasgos refinados y el aire de "yo nací en mejores condiciones sociales que las tuyas".
Ellos son una pareja. Los veo a través de la ventana por menos de un minuto.
Caminar, una actividad hoy por día tan menospreciada y desvaluada, caminan sin rumbo aparente, en un lugar donde los cuatro puntos cardinales no sugieren muchos lugares a los cuales llegar. Caminan con un aire de frescura, como si pisaran algodón y nubes en lugar de pavimento. Caminan tomados de las manos, él con su mano morena, ella con su palma pálida. Ellos caminan, con las manos engarzadas de manera tan suil y a la vez con esa fuerza potente que solo las parejas en realidad enamoradas pueden transpirar, como si la molestia del sudor entre sus manos no existiera o como si trataran de desafiar a la gravedad, por que si sueltan sus manos, probablemente el pesado amor que se profesan levitaría sobre sus cabezas hasta desaparecer.
Caminan al aire libre después de compartir el almuerzo. Les calculo alrededor de 40 años a lo máximo. Un par de almas adolescentes atrapadas en un disfraz con 40 años de uso, un par de cuerpos que albergan uno de los más sublimes pesares y una de las más grises alegrías. Unos cuerpos con almas jóvenes que parecieran danzar al compás de una música melodiosa que solamente ellos dos pueden escuchar.
Es fin de semana, es un día propicio para salir y compartir. Es un día libre del trabajo, libre de las tensiones del mismo, libre del tráfico vehicular, un día libre para compartir. Ellos salieron de casa a almorzar, a compartir, a disfrutar del bello día de hoy. Ellos caminan tomados de la mano y hacen sentir que las preocupaciones realmente no existen, se ven libres y caminan como si no pertenecieran a la vorágine que nos empecinamos cada día más en llamar vida, caminan bajo el sol como si hoy fuera fin de semana.
Se ven satisfechos, han comido, han reido, han compartido, simplemente es perceptible la satisfacción: han almorzado juntos, han reido juntos, han compartido entre ellos, caminan lado a lado, mano en mano. Están satisfechos.
Los veo por menos de un minuto tras la ventana, sonrío. Los veo pasar y me hipnotizan. Me preocupo.
Pasan a menos de 3 metros de mí, estoy al otro lado de la ventana, lo cual me parece un hecho cínico, tellos, libres para amarse, seguros de compartirse, cansados de la soledad, acompañados del amor, tomados de la mano, al otro lado, allá, en las afueras, donde los rayos del sol calientan, como si pertenecieran a un mundo paralelo reservado para algunos cuantos que se deciden a cruzar la puerta. Yo, encerrada, parada al otro lado de la ventana, contemplando la imposiblidad momentánea, secuestrada por la pasividad, me preocupé.
Los veo caminar, los sigo con la mirada, desaparecen de mi vista. Sonrío, escucho el sonido melodioso del saxofón que acompaña el ritmo de la canción en reproduccón, se me llena el alma de sentimiento. Sonrío y respiro profundo, como si pudiera sentir la fragancia que emana la visión de ellos caminando de la mano, desde el otro lado de la ventana.
Decidí compartir esto por que verlos me provocó muchos sentimientos, me evocó pensamientos e hizo que se conglomeraran en una masa deforme y disonante. Sentí envidia, no todos tenemos la oportunidad de sujetar la mano que desafía la gravedad a tu lado; sentí nostalgia, de aquellos días en que una mano sujetaba la mía y que ahora ya no está ahí para luchar junto a mí;
sentí alegría, por que tuve la oportunidad de presenciar y ser testigo de esa ráfaga que nos golpeó a todos los presentes contra nuestra propia realidad; sentí enojo conmigo misma, por que sigo sin darme la oportunidad de que mi mano sea sujetada por otra; me sentí inspirada por que pensé en que tal vez, en algún momento, sea temprano o tarde, podría llegar a sujetar una mano que desee sujetar la mía y luchar juntos.
sentí alegría, por que tuve la oportunidad de presenciar y ser testigo de esa ráfaga que nos golpeó a todos los presentes contra nuestra propia realidad; sentí enojo conmigo misma, por que sigo sin darme la oportunidad de que mi mano sea sujetada por otra; me sentí inspirada por que pensé en que tal vez, en algún momento, sea temprano o tarde, podría llegar a sujetar una mano que desee sujetar la mía y luchar juntos.
Me preocupé por la posibilidad que nos carcome a todos por dentro, la posibilidad de que nuestra búsqueda sea infructuosa, la posibilidad de no encontrar compañero/a, la posibilidad de comprometerse con la soledad, la posibilidad de perder más de las veces en que se gana, la posibilidad de quedarse del lado interior de la ventana.
Me preocupé por que no sé si algún día podré sostener la mano de alguien con tanto afán que el afán mismo se me acabe.
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1 comentarios:
Senti todo lo que sentiste! y tambien me eh preocupado. :(
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