Globos verdes.

¿Recuerdan cuando la felicidad estaba disfrazada de un globo color verde?
¿O cuando la felicidad estaba oculta en un envoltorio plástico de colores?

¿Alguno de nosotros sabe en qué momento la felicidad se convirtió en algo que ni siquiera sabemos describir?
¿En qué momento se convirtió en un auto nuevo, un salario que nos permita consumir más, una blusa costosa, un par de zapatos, un nuevo celular? ¿Cuándo la felicidad cambió de disfraz?

Mejor dicho... ¿Cuándo le cambié el disfraz?

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Hace pocos días vi a un grupo de niños jugando con globos de colores, verdes y amarillos para ser exacta.
Reían, saltaban, gozaban... y la felicidad se les notaba en la cara. Eran felices, ahí, sin más, solamente jugueteando con los globos verdes. Sin duda eran felices.

Me hicieron reír. Me hicieron sentir feliz, me hicieron recordar tiempos en los cuales ser feliz era muy fácil. Eso me dio nostalgia, pensar que todos fuimos capaces de reconocer la felicidad en las pequeñas cosas, tiempos en los cuales estábamos capacitados para reconocer la felicidad ahí donde estuviese, tiempos en los que la felicidad era un sentimiento totalmente placentero y que implicaba reir a plenitud, tiempos en los que éramos capaces de abrirle la puerta de par en par a la felicidad.

Ver a ese grupo de niños juguetear y reír y saltar, me hicieron sentir pena por mi misma, y pena por todos los demás habitantes del planeta que ya no podemos reconocer la felicidad en los globos verdes. Me hizo sentir pena por todos los que buscan la felicidad solamente en las cosas complicadas e intrincadas, como si el tamaño de la hazaña realizada o como si ser adultos ahora, implica que la felicidad debe estar presente solamente en empaques grandes.

En el momento en que perdimos la capacidad de sonreir al ver un globo verde, entonces perdimos la habilidad de ser felices en plenitud.


Y es que la felicidad era inmediata. No tenía que tener pareja a mi lado que me hiciera sonreir, ni tenía que ahorrar para comprar el celular más avanzado. Tampoco tenía que conquistar al mundo para ser feliz. Simplemente dejaba que mi mundo fuese conquistado por la felicidad.

¿En qué momento decidí estúpidamente hacer a la felicidad más complicada de obtener?

Aún no comprendo por qué los globos verdes no me satisfacen ¿será que el hecho de crecer y madurar equivale a perdes la capacidad de buscar y perminitirnos conocer la felicidad? No lo creo. No creo que madurar implique dejar de ser feliz o tener menos probabilidades de sentir felicidad. No creo. Mas bien, creo que en la medida que crecemos, con la mentira de que hemos madurado, con el engaño de que los años traen consigo la seriedad, es que nosotros nos negamos, nos cerramos la oportunidad de apreciar la felicidad, de encontrarla, de buscarla, de sentirla.

Al crecer pensamos que así de compleja como es nuestra transición hacia el punto en el que estamos, así de complicado es encontrar la felicidad, y entonces ni siquiera hacemos el intento de buscarla, por que la búsqueda se basa en el supuesto de que es complicado y dificil.

Las obligaciones con las cuales debemos cumplir, las preocupaciones latentes en el día a día, hacen que perdamos cierto grado de sensibilidad hacia las cosas realmente importantes, a las cosas a las cuales les ponemos el sentimiento. La vida agitada del hoy, nos ha condicionado a no tener tiempo para esas cosas, nos ha alienado para creer que las cosas son complicadas, que para que valga debe haber sido trabajaso y duro el proceso. ¿Por qué?

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Quiero jugar con globos verdes otra vez, sentir como niña otra vz... Tener la medida perfecta para medir las cosas que deben ser importantes. Quiero reir, quiero llorar, quiero sentir a plenitud, sentir, sentir y ¡sentir!

Quiero ser feliz.

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